Joan Mª Bartolí Julibert, Camping Salou: 'Me hace muy feliz que se nos reconozca como pioneros del turismo en Salou'
viernes 22 mayo 2026
Joan Maria Bartolí Julibert ha contribuido a escribir y engrandecer la historia del turismo en Salou a través de su familia. Sus padres, Pau Bartolí Bella y Carme Julibert Ortega, fueron los promotores del Camping Salou (1956), uno de los primeros campings de Cataluña y de España, y considerado, en aquel momento, uno de los mejores de Europa. La iniciativa empresarial y turística de la familia Bartolí Julibert se convirtió en un referente clave para el desarrollo y la proyección de Salou. El Ayuntamiento le ha rendido homenaje.
Explíqueme la historia de la familia Bartolí. ¿Cómo fue que fundaron el camping y por qué?
Mis padres, paseando por la zona donde después se ubicaría el camping, vieron dos o tres tiendas de campaña en la playa de Llevant, junto al mar, y les llamó mucho la atención. A raíz de eso, decidieron viajar a Francia y Suiza para conocer de cerca qué eran los campings. Cuando regresaron a Salou, se pusieron a trabajar para hacer realidad aquella idea.
¿Había tenido antes su familia algún negocio?
No exactamente. Mi abuelo pertenecía al gremio de la construcción y había trabajado con el arquitecto Domènech i Montaner en diversas obras. Pero en casa siempre había habido una visión emprendedora: desde el bisabuelo, que ya veía más futuro en invertir en terrenos de arena que en huertos, hasta yo mismo, que años después monté una discoteca en una carpa de circo.
El Camping Salou se funda en 1956. ¿Cómo fueron los inicios?
En 1956 solo había una recepción, un bar y unos servicios. El camping no creció realmente hasta 1957.
¿Y cómo evolucionó el proyecto?
El alma del camping fue mi madre, una mujer cosmopolita que había vivido en Suiza y dominaba varios idiomas. Poco a poco fuimos adecuando el terreno familiar, que era todo arena, trasladándola con vagonetas y una mula hasta dejarlo en condiciones. Mi padre hizo los muros del camping.
¿Por qué dice que su madre fue el alma?
Porque lo llevaba todo. Era una mujer muy emprendedora. Estudió con las monjas francesas y, durante la guerra, vivió un tiempo en Suiza, donde aprendió el alemán suizo. Cuando regresó, los idiomas le permitieron gestionar el camping: recepción, personal, restaurante... Todo pasaba por ella. Mi padre se encargaba más de la construcción.
¿Quiénes fueron los arquitectos del camping?
Mi padre, Pau Bartolí Bella, que no pudo terminar la carrera a causa de la guerra, y Josep Maria Monravà.
Fue un camping pionero, ¿verdad?
Sí, fue de los primeros de Cataluña. Incluso desde el camping Ballena Alegre, cerca de Barcelona, vinieron a ver cómo lo habíamos hecho.
¿Cuál era la capacidad del camping?
Podía acoger a unas 2.000 personas en una superficie de seis hectáreas. Abríamos de abril a octubre, y en mayo ya estábamos llenos. Venían sobre todo familias, pero también muchos jóvenes con tiendas pequeñas que llegaban en tren. Existían diferentes zonas: para tiendas pequeñas, tiendas grandes y caravanas. Apenas había autocaravanas. Recuerdo, por ejemplo, a Ángel Nieto, que venía con una caravana con jacuzzi. También actuaron artistas como Juan Pardo en el camping, y La Trinca y José Luis Perales en la Cage de Medrano.
¿Cuántos años tenía usted cuando se inauguró?
Tenía unos 16 o 17 años. Después fui a estudiar a Suiza, pero cuando regresaba ayudaba a la familia en todo lo que podía.
¿Qué tipo de clientela tenían?
Principalmente franceses, suizos y holandeses, por proximidad. También muchos alemanes con caravanas. Era un turismo de nivel alto.
¿El camping fue incorporando servicios?
Sí. Construimos bungalows de obra, con servicio de pensión completa. También había restaurante, un grill más exclusivo, consulta médica con el Dr. Punset, peluquería, lavandería e incluso un servicio de excursiones a caballo.
¿Recuerda alguna anécdota?
Sí. El arzobispo de Tarragona llegó a amenazar a mi madre con la excomunión porque las clientas cruzaban en bikini por la actual avenida Carles Buïgas. También recuerdo la cola del hielo: muchas caravanas no tenían electricidad y la gente compraba grandes bloques de hielo. Se formaban largas colas.
¿Ha cambiado el concepto de camping con los años?
Y tanto. Hoy en día tienes ejemplos como el Camping Sangulí, que representa esta evolución. Mi padre ya tenía esa visión en aquel momento.
Usted también emprendió con la Cage de Medrano, ¿verdad?
Sí. En un terreno mío instalé una carpa de circo —del Circo Krone— y monté una discoteca: la Cage de Medrano. Incluso se bailaba dentro de la jaula de los leones. Funcionó durante dos años.
¿Qué público tenía la Cage?
Venía mucha gente de Reus, pero también franceses, holandeses y público nacional, especialmente madrileños y aragoneses.
¿Cómo recibe este reconocimiento institucional, Sr. Bartolí?
Con mucho agradecimiento. Fuimos pioneros en traer el turismo aquí, y también con iniciativas como la discoteca. Me hace muy feliz y me siento muy satisfecho.